
In Memoriam 1946-2004
LIBROS EN GRABADO
Objetos para el regocijo íntimo
Los complejos procedimientos técnicos del grabado, en sus distintas modalidades, dejan sometido el resultado de la estampación final a las más imprevisibles contingencias, a un alto nivel de azar. Luis Fernando Mejía Jaramillo se sometió decididamente a ese riesgo con un afán de ávida experimentación pues esta particularidad, en lugar de constituir una barrera para él, se convertía en un reto al que se sobreponía sacando de ello los más extraordinarios resultados. El artista se aplicaba a su labor de grabador con una disciplina y dedicación propios del orfebre; la impecabilidad y completitud de sus grabados es sorprendente y es una de las características que más recuerdan sus colegas y alumnos.
Coherentemente con la actitud de imprimirle el mayor cuidado a la ejecución material de sus obras, Luis Fernando se interesó por la elaboración de libros en grabado. Primero fue El Jardín del Edén, obra de único ejemplar, con motivo de la exposición colectiva que se llevó a cabo en el Taller de Grabado, en 1986, denominada Bosque o Jardín. Luego, al año siguiente, a propósito de la exposición colectiva denominada Libros en Grabado que tuvo lugar en el Centro Colombo Americano de Medellín, dio a conocer El Diccionario y el Libro de los Ángeles, ambas ediciones de diez ejemplares cada una. Estos últimos claramente destinados a "contar algo", se componen de un conjunto de grabados en pequeño formato, realizados principalmente mediante el aguafuerte; sus páginas (estampas) fueron cosidas y luego empastadas en cuero (el Diccionario en cuero verde, el de Los Ángeles en cuero azul) y para las matrices el artista utilizó placas de cobre rojo.
Todos estos libros en grabado tienen la particularidad de ser obras de arte que no están propiamente destinadas a la exhibición indiscriminada sino al regodeo personal y, casi, exclusivamente íntimo. Son como el tipo de objetos a los que en el transcurso de nuestra vida volvemos reiteradamente en busca de insaciable delectación.
El Jardín del Edén

Este libro, de 8 cm. x 30.5 cm., estampado en papel de grabado, hizo parte junto con otras piezas de grabado y joyería, de la exposición colectiva Bosque o Jardín que tuvo lugar en las instalaciones del Taller de Grabado en el año 1986, en la cual participaron, además, Ricardo Peláez, Clara Inés Piedrahita, Ángela María Restrepo y José Antonio Suárez, y que adoptó como punto de referencia y motivo de inspiración, dos grabados del artista italiano Mimmo Paladino titulados Vistas de los Jardines del Rey 1636. Scalberge y Bosco Giardino, 1979. Luis Fernando, en lo que corresponde con todos los grabados de su autoría exhibidos en esta oportunidad, incluido el libro al cual hacemos referencia, aplicó su inspiración en el tema del paraíso terrenal y en la instalación en ese espacio de la pareja original, Adán y Eva, a la cual hace alusión el libro sagrado del Génesis, capítulo 2, así:
(8) Plantó luego Yavé Dios un jardín en el Edén, al oriente, y allí puso al hombre a quien formara. (9) Hizo Yavé Dios brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar y el árbol de la vida, y en el medio del jardín el árbol de la ciencia del bien y del mal. [ ... ] (16) y le dio este mandato: de todos los árboles del paraíso puedes comer, (17) pero del árbol de la ciencia del bien y del mal, no comas, porque el día que de él comieres ciertamente morirás". [ ... ] (22) y de la costilla que del hombre tomara, formó Yavé Dios a la mujer y se la presentó al hombre.[ ...] (25) Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, sin avergonzarse de ello.
Este objeto, desde sus pastas hasta su ensamblaje, fue totalmente concebido y elaborado por el artista. Al abrir sus tapas, confeccionadas en cartón forrado en tela y cintas de color verde, el observador se enfrenta a la experiencia que prodiga un libro "animado", e inmediatamente, se sorprende con la aparición de un frondoso jardín dispuesto en varios planos que producen la sensación de profundidad, tal como si se tratara de la escenografía de un teatro. Su autor ubicó a los protagonistas en el plano central. Para la elaboración de esta obra, utilizó tres placas que detalló minuciosamente. Se hace evidente la capacidad que tuvo el artista para recrear con gran pulcritud y realismo, en las técnicas del aguafuerte y la aguatinta, un ambiente de bosque natural, seguramente producto, entre otros factores de motivación, de la observación sistemática de la naturaleza que fue uno de sus mayores disfrutes desde temprana edad.
Efectivamente, este escenario es un oasis en el que es posible observar la exuberancia del entorno pero también la paz, la serenidad, la complacencia y la espontaneidad de los protagonistas, quienes no han tomado conciencia todavía de la desnudez de sus cuerpos por no haber sido signados aún con el pecado original y por esa terrible e irremediable culpa que posteriormente transfirieron en herencia al resto de la humanidad como consecuencia de haber violado, ingenuamente, el precepto divino que les mandaba abstenerse de probar el fruto del árbol del bien y del mal. De todas maneras, el momento perturbador del idilio se insinúa con la serpiente que ya se desliza, como para interpelar a la pareja, por el tronco del árbol central.
Luis Fernando en esa obra, como en otras alusivas a temas muy diferentes, escogió referirse a un espacio o un territorio cargados de significación para el ser humano como tal. En éste en particular como se sabe, ni más ni menos se definió, según el relato de las sagradas escrituras, el destino de la humanidad. Este libro, sin texto excepto por el título, avasallado completamente por la imagen, se constituye en un objeto de placer para su poseedor, pero le invita seguramente también a la reflexión, cuando descubre que este Jardín del Edén está ubicado, ya no propiamente en Egipto o en Caldea, sino en nuestro propio espacio geográfico, tal como lo atestiguan los frondosos árboles y las plantas que identifican el paisaje de nuestro entorno local.
Diccionario

Este libro, a manera de diccionario, de solo diez ejemplares, está conformado por nueve estampas, impresas a color en papel de grabado, en pequeño formato, siete de ellas alusivas a vocablos de uso en el lenguaje corriente. Para la conceptualización de los términos escogidos, el artista partió de la definición aceptada por las autoridades que rigen el buen uso del idioma castellano, agregándole, de su propia inspiración, una acepción de conmovedor y profundo alcance poético.
Creo que, en este caso, para describir y comentar adecuadamente esta obra sinigual, que más que un diccionario podría tomarse como un manual para reconciliarse con la naturaleza y con la vida misma, basta con citar textualmente la advertencia que nos hace el autor en el preámbulo: "Al lector advertimos sobre las palabras de este diccionario de cosas que son las compañeras y amigas de siempre. Cuando haya tristeza debe consultarse inmediatamente el diccionario, cuando haya alegría deben repasarse las palabras para no olvidar el lenguaje de la vida".
Los vocablos escogidos por el autor, organizados en orden alfabético como corresponde a un diccionario, son los que se incluyen a continuación, descritos, en este caso, sólo con el aporte de la acepción que de manera personal e íntima él nos brinda:
Árbol [...] Sostiene los nidos, da sombra a la siesta, hay de mangos, guanábanas, perfuman, cantan con el viento.
Flor [...] Se encuentra al lado del camino, en la huerta, en una maceta, en la ventana, en la tumba, en el altar, en la boda.
Luna [...] Sale por la montaña, se pone velos de nubes, hace crecer los bebés y la marea, hace soñar y es amiga de las brujas.
Nube[...] Montañas de algodón, frío en bultos, ovejitas en un campo azul, un señor de gorro, un perro con cola de pez, blancas, rosadas, va a llover ....
Pájaro[ ...] Saluda la mañana, regala cantos a la arboleda y al alero, odia las escopetas.
Río [...] Copia el cielo, susurra con el remolino, una cinta por el valle, coro de chorros y rocas en la montaña.
Sol [...] Se mete por la hendija de la ventana, entra al corredor, brilla en la telaraña, refulge en las sombrillas de la playa, es generoso, alumbra para todos.
la naturaleza que será, en últimas, la encargada de reposar nuestro espíritu en la adversidad o en la dicha extrema. Como se ha podido observar, cada uno de los términos definidos...
Debo señalar también, en esta oportunidad, el acentuado nexo que se establece entre imagen y palabra, que no queda reducido a la mera ilustración del término, sino que va mucho más allá hasta desentrañar significaciones variadas y profundas, de alto contenido ético y estético.
Libro de los Ángeles

Este libro de 20 x 20 cm., de solo diez ejemplares, que en palabras de Santiago Londoño fue "destinado a los mensajeros celestiales", tiene como soporte varios textos bíblicos y está conformado por diez páginas (estampas), en aguafuerte y aguatinta, impresas en sutiles tonos de azul y negro, para cada una de las cuales utilizó una placa. Desde la portada se invita al recogimiento para hacer más placentero e íntimo el privilegiado contacto que el artista nos permite con esos seres inasibles, cuya misión pareciera ser garantizar nuestra seguridad y bienestar en esta vida.
Las estampas, luego de la portada en la que se anuncia su contenido referido a los ángeles e incluye, en la placa respectiva, el año y el nombre del autor, se suceden regalando al observador las interpretaciones de tres insignes arcángeles: Miguel, de perfil derecho, en actitud de reverencia, asiendo la espada desde su empuñadura y dirigiendo su punta al cielo, con lo que pareciera estar ofrendando al ser supremo la victoria de una batalla contra el mal que acaba de librar; Gabriel, de perfil izquierdo, quien en su misión de mensajero celestial anuncia a la joven y sorprendida María la misión que le ha sido asignada de ser la madre de Dios en la tierra; y Rafael, conocido en el mundo cristiano como patrono de los peregrinos, acompañando a Tobías en un largo viaje que tenía como objetivo conseguir una piadosa esposa y dándole instrucciones a su protegido para capturar un pez del que sacaría las vísceras que le permitirían alejar un demonio que obstaculizaba su matrimonio con la elegida y además, curar la ceguera de su padre.
En otra de sus estampas, quizá la más delicada y sutil, de extraordinarios logros técnicos, el autor nos ilustra, resumida y armoniosamente, sobre los más significativos detalles del sueño de Jacob en el que, según lo refiere la Biblia, se veía una escalinata que, apoyándose sobre la tierra, tocaba con la cabeza en los cielos por la cual subían y bajaban los ángeles de Dios.
En otra más de sus estampas se puede apreciar un ángel indeterminado, que parece provenir de las alturas, anunciado el nacimiento de Jesús a los pastores de Belén. Y, por último, nos ofrece su versión del Ángel de la Guarda o Ángel Custodio que, levitando, acompaña discretamente y protege de todo peligro, a una pareja de niños que va caminando por un lugar indeterminado.
Luis Fernando tuvo en cuenta e incorporó al propio libro en letras grabadas, seguramente como apoyo a su inspiración y clave para su interpretación por el lector, versículos de la Biblia así: Apocalipsis, 12, 7; Génesis 28,12; Lucas 1, 26-28, lsaías 18, 1-3; y Tobías 12, 5.
Los seres alados a los que se hace referencia en este libro, en sus diversas advocaciones y según las menciones que de ellos traen las sagradas escrituras, ejercen precisamente como intermediarios, voceros legitimados o portadores de mensajes trascendentes, entre la divinidad suprema y los seres humanos.



















