top of page

¡CULPABLES!

Una mirada a la profundidad del alma humana

Luis Fernando Mejía Jaramillo comenzó a trabajar esta temática, que sin lugar a dudas representa la cresta más alta en el desarrollo de la obra artística, en el año 1999 y persistió en ella en el transcurso de los años subsiguientes. Precisamente se hallaba trabajando en ella, con ahínco, por la época de su fallecimiento hecho que ocurrió el 31 de enero de 2004, quedando así trunca una trayectoria artística ascendente que hacía presagiar la conquista de nuevas metas con resultados que no nos es posible predecir. 

Cpf82.jpg

Para el tratamiento de este tema, el artista utilizó varios recursos técnicos, privilegiando en todo caso el dibujo sobre monotipo. Con la combinación del monotipo, afín al grabado, y del dibujo, Mejía logró una síntesis afortunada y potente, y con ello dio cuenta de un proceso evolutivo que lo llevó de la preponderancia de la línea a la primacía de la mancha para acercarse de ese modo más a la pintura, lo que nos permite concluir sobre un punto de inflexión en su trabajo que, indudablemente, significa un salto cualitativo de considerables proporciones, no solamente en el contexto global de su obra, sino como un aporte al arte local.

 

Como se sabe, el grabado es un procedimiento técnico que posibilita la obtención de varias estampas iguales a partir de una matriz, mientras que en el monotipo se realiza una impresión única. Para la realización de sus monotipos el artista continuó usando sustancialmente los

materiales e instrumentos propios para el grabado en serie, es decir, la plancha de metal, las tintas, la prensa para realizar la estampación y el papel de grabado, pero realizando el proceso

de definición de la imagen a imprimir mediante el método de sustracción, procediendo primero a dibujar con las tintas de grabado sobre la matriz e interviniendo posteriormente con diferentes instrumentos: espátula, lápiz, pincel, ruleta, palillo, trapo etc., para dejar particulares improntas, en especial luces y efectos tonales y, luego, una vez estampada la matriz en el papel, delineando sobre éste con lápices para detallar o crear ciertos acentos. Esto, indudablemente le permitió mayores posibilidades creativas y resultados muy ricos en cuanto a volúmenes, los cuales quedaron en algunos casos perfectamente definidos y en otros insinuados y, además, poder pasar de los tonos más profundos a los más luminosos en las diversas escalas cromáticas.

 

Luis Fernando Mejía Jaramillo fue siempre consciente de su extraordinaria habilidad para el dibujo, pero no se dejó engolosinar por ella. Probablemente esa fue una de las razones que tuvo en consideración para encaminarse por otros senderos menos controlables, menos predictivos en sus resultados, como los que le planteó primero el grabado en hueco, utilizando siempre planchas de metal y experimentando con muchas de sus modalidades técnicas, prefiriendo, con el transcurso del tiempo, el aguafuerte, el aguatinta y la cerablanda en las cuales alcanzó un alto nivel de dominio, para finalmente llegar al monotipo, el cual practicó logrando a evidentes niveles de maestría.

En palabras de Alberto González:

Heredero legítimo del mejor magisterio en la monotipia que fue Degas, también grabador, nuestro artista, haciendo uso de una técnica depurada, creada a fuerza de constante investigación, se compromete con su oficio a revelar mundos desplegados en la blancura de los papeles, convertidos ahora en receptáculos de imágenes que, sobre todo en el caso de la espléndida serie de Culpables, me atrevería a denominar como 'imágenes polifónicas'. Y este término que aquí empleo no es gratuito ni mero recurso teórico. [...] Creo que conservando el espíritu de la teoría de Baijtín podríamos hacer una lectura de la serie de Culpables como unidades de significación icónica independientes pero que se entrecruzan en un tejido de estructuras que configuran la unidad total de la imagen, y de ahí el término 'imagen polifónica'. (2005, pág. 15).
 

El siguiente texto extraído de Alexis o el tratado del inútil combate de Marguerite Yourcenar, aparece, entre otras notas manuscritas, en una libreta de apuntes del artista donde también se hallan unos pequeños bocetos referidos al tema de los iCulpables!:

 

La consecuencia más cruel de lo que me esforzaré en llamar nuestras culpas (aunque solo sea para amoldarme al uso) es que contaminan hasta el recuerdo del tiempo en que no las habíamos cometido. Esto es, precisamente, lo que me inquieta; porque, en fin, si me equivoco, no puedo saber en qué, y nunca decidiré si mi inocencia de entonces era menor de lo que yo antes aseguraba o bien si soy ahora menos culpable de lo que pienso. (Yourcenar, 2000, pág. 31l.

 

Desde luego, este apunte no parece una simple coincidencia, y es dable suponer que tuvo algo que ver como confirmación de una idea o como fuente de inspiración para el artista y que le permitió visualizar la forma de exponer el problema de la "culpa" que, desde tiempos inmemoriales, culturalmente nos atrapa y nos condena, aun cuando se trate de las decisiones más intrascendentes de la vida.

 

Esta temática, de profundo contenido humano, la desarrolló principalmente mediante la técnica del monotipo; también la abordó mediante la realización grabados en metal, combinando las modalidades aguafuerte, aguatinta y cerablanda, así como en dibujos sobre monotipos y, además, en pinturas al óleo sobre tela.

En esta serie denominada por el propio artista iCulpables!, entre otros cambios fundamentales que marcan un salto cualitativo de significativas proporciones en la globalidad de su obra, el artista cambia radicalmente de enfoque. En todos los temas tratados con anterioridad la mirada prioritaria era la del observador que siempre desde afuera, bien desde un pináculo, desde otra estancia, o a través de un catalejo o de una ventana, presenciaba el discurrir de tiempo y/ o el desarrollo de un acontecimiento o de una actividad particular en la realidad circundante. Ahora la mirada que enfatiza es la del protagonista mismo, el culpable, dirigida hacia su propio interior, para afrontar una realidad ética y sicológica que sin duda le produce profundo dolor o desazón.

 

En relación con el artista y su obra iCulpables! hago mías las palabras de Julio González Z., porque coincido completamente con sus apreciaciones:

Teniendo en cuenta el medio en el que creció, el ambiente cultural en el que transcurrió su vida y desplegó su obra, no hay la menor duda de que Luis Fernando ha tomado partido por un tipo de culpabilidad más próxima a la culpa cristiana que a la culpa judía.

 

La culpa judía se limpia con el ceremonial externo, con el apego riguroso a los cánones; la culpa cristiana es una culpa interior, un combate del culpable consigo mismo. Una culpa que se refleja en la cara y contorsiona todo el cuerpo. De esta opción cristiana nos dan cuenta, entre otras cosas, esas notas que el autor iba tomando simultáneamente con la producción de estos cuadros: El Alexis, de Yourcernar, El Cristo de Espaldas de Caballero, pero seguramente sin que hayan sido tan explícitos, El Proceso de Kafka y Crimen y Castigo de Dostoievsky.

 

Y por eso estos culpables nos producen inicialmente la imagen de un torturado. Pero buscaremos inútilmente esa fuente externa, productora de dolor, y, en cambio cuando reparamos en estos rostros afligidos, nos damos cuenta de que su culpa resulta ser una profunda carencia: la falta de luz, la imposibilidad de ver bien porque los ojos no existen o están deliberadamente vendados.

 

[...] En resumen, estamos ante una obra estéticamente rigurosa; ante un tema que nos obliga a pensar en aquellos problemas serios que ha debatido nuestra cultura y ante un mensaje que, sin los explícitos y los facilismos de un panfleto, nos invita a meditar sobre nuestras relaciones con nosotros mismos y con los demás. Una obra de estas no cambiará el mundo, pero le posibilitará a quien quiera verla una gran ventana para asomarse a la oscuridad de nuestro tiempo. (2005, pág. 16).

En los dibujos sobre monotipos, los iCulpables!, que parecen ser individuos ordinarios o corrientes por un designio insospechado que no es fácil de entender ni es posible justificar, arriban al que parece ser el único destino posible, la muerte, dramáticamente representada en el cuerpo que yace sobre una camilla cubierto por una sábana. No fue ésta precisamente y por desgracia, una escena extraña en el acontecer nacional de la época en que fueron realizadas estas obras, es decir la última década del siglo XX y los comienzos del siglo XXI, pues los asesinatos y ajusticiamientos nos asediaron por doquier.

La realidad social colombiana en las dos últimas décadas del siglo XX pasó abruptamente, de la ilusión de una nación más justa, pluralista y equilibrada que había hecho nacer la nueva Constitución Política de 1991, a una profunda crisis de credibilidad en el sistema que se ha caracterizado por fenómenos desesperanzadores (que tienden sus tentáculos hasta nuestros días) de corrupción generalizada; economía ilegal asociada al narcotráfico, expansión y surgimientos sucesivos de grupos al margen de la ley que han utilizado diversos tipos de violencia contra las instituciones públicas y la sociedad inerme.

 

Nos sumimos en un agujero profundo, no había una luz que nos iluminara el camino, habíamos fallado en la definición de nuestro propio destino, sufríamos intensamente, no entendíamos ya nada, pero... irremediablemente, éramos iCulpables!

 

Como bien afirma Carlos Arturo Fernández, "Luis Fernando Mejía se asomó en los Culpables a la profundidad del alma humana, convirtiendo en hilachas la belleza que tanto había buscado, para descubrir también él, la pavorosa sublimidad de un universo sin límites en el corazón del hombre." (2006, pág. 242).

 

Los bocetos que aparecen al final de esta muestra, hombres de cuerpo entero, dan cuanta del proyecto que el artista había concebido y que no pudo concluir, para llevar sus iCulpables! a expresarse, no solamente a través de sus rostros sino de sus cuerpos. Además, en estos trabajos aparecen nuevos aspectos en el tratamiento del tema tales como que, en este caso, los protagonistas son grupos de rehenes que, amarrados de sus manos, en algunos casos unos con otros, se muestran de cuerpo entero en actitud de quebrantamiento moral y de sometimiento físico. A estos seres humanos no corresponde ya a una mera actitud de ensimismamiento, de exclusiva mirada interior, de autoincriminación como sí lo expresan los iCulpables! de los monotipos y grabados, sino que además los quebranta y los somete un poder o fuerza irresistible que proviene del exterior. Ya han sido señalados, han sido juzgados, han sido encontrados iCulpables! y viven el momento de la espera antecedente a la definición del castigo o pena con la cual serán sentenciados.

bottom of page